Lo malo de escribir, de vez en cuando, con el corazón es que luego te sientes culpable cuando escribes de nuevo con la cabeza, con el humor, con la proyección de la imagen sobre ti de los que sabes que están ahí. De la ironía al portátil sin pasar por ese hígado del que se resiente la mujer que se folló al Quijote y descubrió sus cicatrices. “Siempre te guardas algo” me dice también la parturienta de historias. Pues sí, siempre me guardo algo porque, como bien saben las comadronas, en el mundo de las sensaciones, nada es real hasta que no lo hablas, o lo escribes. Y si aguantas sin hablarlo, o sin escribirlo, el tiempo suficiente, no necesitas asumirlo, sólo esperar a que se vaya y fingir que nunca ha pasado. Tres textos descartados y me decido, por fin, a enfrentar el rechazo a la verdad que niego, a pesar de esos momentos de lucidez que asolan la conciencia de una mente que en algún momento se vuelve preclara y se vierte, gota a gota, a los pies de aquella cama deshecha. Lo hago avergonzada, contenida, ridículamente vulnerable, terriblemente torpe, estúpidamente asustada por no haberlo visto antes, con acuse de recibo de mi cuerpo y el miedo a no llegar a entenderme. No me explico, aún, cómo me puede haber pasado esto a mí (con lo que yo he sido). Me faltan armas con las que amenazarme para saber siquiera si me está pasando de verdad y no me atrevo a pedir opiniones objetivas. Resulta tan absurdo preguntarle a mi clan si es capaz de interpretar lo que yo ya no puedo... Quizás sólo sea que me estresa el trabajo, que me desestabiliza el carma el ambiente cargado de silencios, que hay recuerdos que te liberan pero también te matan. Que nací para amante y qué le vamos a hacer. Que hay días, en definitiva, en los que te sientes pequeña y te asustan los truenos. Y hoy he sentido muchísimo miedo de los truenos y la lluvia me ha empapado la ropa. Y a mi me pasa, de siempre, que cuando me mojo no consigo entender el mundo, ni a mí. Y me pasa, también, que un rayo inundó de pronto el despacho, el neón parpadeó y el viento, la lluvia y las sombras hicieron el resto. Tuve realmente mucho miedo y mi primer pensamiento fue ir a refugiarme a tu regazo, y eso sí que me dio verdaderamente pánico.
No había pasado, de hecho, tanto pavor en toda mi vida.

Te doy mi infancia, te doy los sentimientos que bloqueo, te doy la confusión que me supera. Sí, me supera, entenderás que una mujer con delirios de grandeza no está acostumbrada a determinadas confusiones. Te ofrezco mis disculpas más sinceras porque se me escapó el juego de las manos. De verdad, de verdad, que lo siento. Te regalaría mis lágrimas si fuera capaz de tenerlas, ya sabes. Te doy mi disfraz de seductora infalible, jamás lo usaría contigo. Te ofrezco, también, mi sonrisa y la búsqueda eterna de tus carcajadas. Mi amistad. Mis disculpas, otra vez, porque no me podía imaginar que llegaría a echarte de menos cuando no estás, de esta forma. Te doy como redención toda la sinceridad de la que soy capaz, aunque la verdad esté sobrevalorada y duela. Te ofrezco la tranquilidad de saber que se me pasará y que no tienes que preocuparte por nada. Te doy mil lo siento, esta vez, por publicar a los cuatro vientos mi traición. Y por no atreverme a decírtelo en persona. Te doy lo que soy, aunque no es mucho. Y te doy, por último, mi alma avergonzada
A cambio pido tu perdón y tu amistad. Es mi última oferta.

9 a los que les dio por decir que...:

Hoy me he encontrado solo en la oficina. Llegué con 45 minutos de adelanto y de mal humor por las pocas horas dormidas. La oscuridad y el agua hicieron el resto y pasé las 7 horas de jornada en un bloqueo total. Me rodee -como cuando era pequeño y quería meterme dentro del estuche para dormir acurrucado detrás de los lápices, los rotuladores y los plastidecor- de una pantalla invisible pero palpable. Colgado el cartel "no se admiten visitas", no estaba para nadie. Sólo quería estar en el fondo del estuche, apretado contra la promesa compartida de una tarde de playa en la que construir de abrazos un refugio contra las tormentas.

10:37 p. m.  

Pequeña, no te asustes. Es normal sentir miedo después de las tormentas. Es la contrapartida de volver a sentir el mundo, que de repente somos vulnerables y cualquier tormenta puede matarnos.
Es cierto, cualquier tormenta nos mata, pero la parte que no sabes es que siempre resucitamos, siempre encontramos el camino de vuelta a casa.
No me pidas perdón, pues yo también te necesito, y si nos ponemos a competir en a ver quién se siente más culpable no ganaríamos ninguna.
Tu amistad es una de esas pocas cosas realmente bellas que nos encontramos en la vida, de esas que te hacen pensar que después de todo no lo estás haciendo tan mal.

Y aunque te abandone por el fútbol, volveré a buscarte al bosque, para que no tengas frío. Para secarte el pelo después de la tormenta.

S.

9:30 a. m.  

No hurgueis más en la herida, ya sé que yo sólo te pongo...

4:15 p. m.  

Querida... si necesita una espada firme con la que acuchillar (impulsos, respuestas, palabras demasiado densas), no dude en llamarme. Ya sabe que le debo una venganza.

7:30 p. m.  

No pidas perdón a una amiga, sino abrazo; será lo que ella esté deseando.
Ni digas lo siento a un amigo, sino cómo estás; porque le dará alegría saber de tí.

Pero hazlo, si es lo que verdaderamente necesitas. Yo no soy el lucero del alba
Tengo nombre , mail y teléfono.

Cuídate mucho niña

4:11 a. m.  

Al usuario anónimo:
Construiremos de abrazos un refugio contra las tormentas y sacaremos del fondo del estuche mil colores para pintar la tierra con las manos.

A S...

A la de las frases brillantes haciéndose pasar por anónima: no metas el dedo en la llaga yo sé que sólo te parezco guapa, ;-)
Por cierto que el día que dejes de tener miedo a mostrarla, el mundo se rendirá a los pies de tu belleza, en todos los sentidos.

A la oruga:
Querida, muchas gracias por su ofrecimiento, nunca viene mal una espada.

Respecto al tío melón:
Yo también tengo nombre, mail y teléfono. Y tengo la sensación de que los sabes.
Cuídate mucho niño

9:07 a. m.  

y yo sigo pensando que algún día me encantará conocerte...

5:40 p. m.  

Y yo estoy segura, Azena, de que algún día nos conoceremos. Será frente a una botella de vodka,jugando -como no- a intercambiar encantamientos.

8:22 a. m.  

te regalo mil sonrisas, para que las atesores hasta entonces...

2:41 p. m.  

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