Hacía demasiado viento para ser un martes por la tarde. No para ser un lunes o un viernes por la mañana, pero sí para ser un martes por la tarde.
Ella se sentó en un banco, en medio de la playa artificial, frente al mar real. Ella sólo quería pensar, ¿Era mucho pedir?. Ella sólo necesitaba sentir el sol y la sal. Sólo quería encender un cigarro, porque todo el mundo sabe que no se puede pensar sin humo y Ella siempre se preguntaba cómo lo harían los no fumadores. Quizás usando tés de frutas, o velas de jazmín, o rosas amarillas o cielos rojos. Pero Ella no podía pensar sin humo y sólo quería encender ese infame cigarro.
Aún así, el viento se negaba dejarla y los estúpidos granos de la asquerosa arena de plástico se estrellaban contra sus manos, y sus pies, y sus ojos y su boca. Y sabía que tenía que irse, pero no quería irse, porque Ella había ido a pensar. Pero a la mente sólo le venían palabras. Y el viento las cogía y las desmenuzaba y las convertía en letras grotescas, sucias, gigantes, torcidas e informes. Y las hacía volar con violencia, y chocaban contra los niños, que lloraban, y contra las paredes de las tiendas de helados. Y Ella no quería hacer daño a nadie y trató de concentrarse en su tristeza porque pensó que el viento no podría con ella. Pero el viento cogió un hacha inmenso y fue cortando, una a una, las letras pegajosas de su dolor. Y se las llevó. Y una zeta chocó contra la vela de una tabla y la rompió. Y el chico intentó aferrarse a otra letra, pero no pudo y se ahogó intentando llegar a la orilla. Pero Ella no quería irse y pensó en su odio, porque el odio siempre es mucho más fuerte que la tristeza.
Y el viento intentó llevarse el odio, pero era un sentimiento demasiado pesado, incluso para él. Y Ella quería enfrentarse al viento porque es fuerte y es valiente. Le retó, porque sabía que no conseguiría echarla.
Ella se enfadó, se enfadó muchísimo, porque no debería hacer tanto viento un martes por la tarde, puede que un lunes al mediodía o un viernes por la mañana. Pero no, un martes por la tarde el viento no debería traer recuerdos dolorosos, ni hacer que te choques con los muertos. No, un martes por la tarde no. Y Ella estaba indignada y furiosa. Y se levantó y se fue a una librería que sabía que estaría abierta, como siempre, como si los libros no necesitaran descansar. Y se enfadó con la librería, pero aún así compró un estúpido moleskine. No se llevó el negro, que era el que le gustaba, sino uno morado y brillante y horrendo. Porque está harta del negro y del gris, porque el brillo violeta tenía un tacto horrible y porque lo odiaba. Y Ella quería odiar el moleskine como se odiaba a sí misma. Y quería que el viento se la llevara también porque Ella es imperfecta, porque odia y porque es idiota. Porque su pelo se ha llenado de arena y ya no se siente guapa. Y el mar ha inundado sus ideas y ya no se siente lista. Porque odia y ya no es fuerte, ni eficaz, ni optimista, ni alegre. Y quiere gritarlo al viento y que el viento lo anuncie a la gente que quiere. Porque quiere mostrar a todo el mundo que Ella es imperfecta y no es guapa, ni lista, ni optimista, ni fuerte. Porque Ella odia y necesita comprar ridículos moleskines horrendos, para encerrar su odio tras colores brillantes.
Y se asusta a sí misma, porque la han vencido. Y porque Ella odia. Y porque no debería hacer tanto viento, un martes por la tarde.
Etiquetas: Tengo todos los males de la tragedia griega
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Los no-fumadores de tabaco fumamos otra cosa. Encendemos odios o recuerdos y así tragamos y expulsamos el humo, porque sí, estoy de acuerdo, no se puede pensar sin humo. Los no-fumadores de tabaco también tenemos moleskines pero vamos a playas artificiales sólamente a follar o a beber kalimocho por las noches en las que debería hacer algo de viento, una brisa al menos que nos ayudara a decir adiós.
Cándida Sibisse dijo...
6:44 p. m.
a veces es necesario sacar el odio y el miedo y la tristeza del cuerpo y convertirlos en letras
tu odio se mastica como las sensaciones que no podemos esfumar
un beso
Azena dijo...
1:17 p. m.
¿moleskines?
Anónimo dijo...
3:47 p. m.