Hay veces que cualquier persona necesita tomarse un día. Hoy, yo me he tomado el mío, para limpiar.
Empecé por la mañana, en la cocina. Tiré los tuppers mohínos y los yogures caducos, limpié los restos putrefactos de las zanahorias podridas. Ni siquiera recuerdo por qué las compré, todo el mundo sabe que yo no como alimentos naranjas (hay colores más apetitosos). Me deshice del zumo agrio y de los cereales reblandecidos. Quité las costras de la mesa de madera y encontré, debajo de una servilleta, el corazón plagado de migas. Qué alegría, creí que lo había perdido. Lo lavé con mistol y le di unos toquecitos, para que volviera a latir.
Pum-pum, pum-pum.
Ha quedado reluciente, casi tanto como la nevera. Qué desnuda está ahora, tan limpia y vulnerable, sin comida inservible e infectada que proteja las baldas transparentes de la acuciante luz de neón.
Papel y lápiz, LISTA DE LA COMPRA:
- Fruta, para empezar un nuevo año
- Líquido de lentillas, para limpiar las sombras de las esquinas de mis ojos
- Café, para no dormirme en los laureles de tu odio
- Leche semi-desnatada, que mezclar con los retazos de mi amor
- Cepillo de dientes violeta, porque he recuperado la sonrisa olvidada
- Velas anti-tabaco, para que el humo no impida volar las carcajadas
- Pan Bimbo, para desayunar
- Champú de mora para cabellos secos, y que me hidrate
- Gel de ducha con aloe, para limpiar los restos
- Queso para fundir, porque no todo va a cambiar
- Un archivador de plástico azul, que mantenga ordenada la cabeza
- Tomates y lechuga, porque esta vez me cuido yo
- Y otro frasco de Mistol, por si acaso.
Etiquetas: Tengo todos los males de la tragedia griega
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Cuando quieras que manofacture alimentos pega un toque, vos sabés...
Cándida Sibisse dijo...
6:39 p. m.