Y en ese momento, en medio de una ciudad que nunca existió, exhalé un suspiro con sabor a Vivaldi y me entregué a la luna.



En ese momento, masticando la felicidad de un instante frugal, sonreí sabiendo un secreto descubierto por pocos. Disfrute con la impertinencia de sentirme única visionaria de la magia que nos rodeaba, me recreé en la perversión salvaje de los muros, de las piedras, de los vidrios, de los duendes, de las princesas, de los brujos, de las hadas.

En ese momento, la luna estaba inmensa. Y, durante un segundo, yo también.

0 a los que les dio por decir que...:

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