El esqueleto verde de la barca marchita llamó su atención por un momento.
Nunca antes había visto un cadaver.
Como no llevaba la cámara en la mano, utilizó la retina para guardar la instantánea. La dejó en la memoria, almacenada entre el olor a mar y un pincho de tortilla.No se por qué, ni cómo, pero desde esa mirada sus ojos quedaron impregnados con el color del musgo. Supongo que a estas horas, y ya de vuelta a casa, se tornarán marrones, otra vez, hasta el próximo viaje.
Un placer como siempre. Y muchas gracias chicas, porque ha sido un gran finde.

0 a los que les dio por decir que...:

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