
Yo, cuando era adolescente, iba al instituto. Ya ves, una que es así de poco original. Y allí tenía profesores y profesoras. Un montón. Pero no virtuales ni nada, de los de carne y hueso, y manías, y depresiones, y esquizofrenias. De los de toda la vida vaya.
Uno de ellos, el más joven,me daba Literatura y también Lengua. Pero él distinguía muy bien ambas facetas y si al de Lite le contabas que habías copiado en el examen de Lengua, cumplía y nunca se chivaba.
Eso sí, tenías que tener muy claro con quién hablabas en cada momento. Que la apariencia física confundía y él, a veces, se divertía jugando a que era el de Lite cuando en realidad era el de Lengua. Y viceversa. Un día, sin darle importancia, me explicó que para escribir sólo hay que tener algo que contar.
Yo me indigné y le repondí que yo tenía mucho que contar, pero que me faltaban palabras, frases, estructuras y versos. Y que así, sin cemento, ni ladrillos, ni ningún conocimiento arquitectónico, nunca iba a ser capaz de contruir un palacio violeta, aunque fuera capaz de imaginármelo.
Ese día dejé de hacerle caso a mi profesor de Lite -y al de Lengua-.
Ayer, sin saber el porqué, aprendí a construir frases y palabras y estructuras y versos.
Hoy, ya no veo mi palacio.
Etiquetas: No se ponga literaria mujerpordios
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0 a los que les dio por decir que...:
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